Quiero llamar la atención en estas líneas a dos temas de significación, a veces olvidados, en la geografía histórica del Caribe: Primero, la importancia de el pan de casabe y la yuca amarga o mandioca con la que éste se confecciona y, segundo, el islote puertorriqueño de Mona, hoy abandonado y olvidado, situado a medio camino entre la isla de Hispaniola y el viejo Borinquén o San Juan.
El complejo cultural de la yuca encontrado por los primeros colonizadores españoles en las Antillas fue adoptado por ellos íntegramente y por necesidad en los primeros años de la Conquista, desde el montículo para cultivar el tubérculo hasta el burén y la barbacoa sobre la cual se cocinaban las tortas de casabe. Es indiscutible ante la evidencia histbrica que:
Fue notable la producción de casabe logrado en momentos de extraordinario apremio [end p. 10] como lo fueron los preparativos para las expediciones a Castilla del Oro, a México, a la Florida, y al mismo Puerto Rico. Según López de Gómara, Cortés llevaba al partir a Yucatán seis mil cargas de casabe o sea quinientas libras por cada uno de sus soldados. Era el casabe un alimento concentrado, casi sin sabor. Su producción, en estancias de indios encomendados, pasaría a constituir un tipo especial de establicimiento rural, la casabería 0 granjería de indios. Para los cronistas como Oviedo, la palabra "conuco" se refería no a un tipo de minifundio sino al modo de cultivo en montículos, destinado principalmente a la producción de tubérculos, básicamente yuca y ajes (boniatos o batatas, llamados en inglés sweet potatoes) (Marrero, 1974, 111). Todavía debe haber sitios en Hispaniola donde se puedan ver restos de estos montículos ordenados en fila, uno detrás de otro.
El casabe había side el pan por excelencia durante la primera mitad del siglo, pero debido al éxodo a México y al Perú y a la estabilizacion de la vida en el Caribe español (incluyendo la desaparación casi total de los indígenas) los documentos reflejan una creciente importacion y substitución del casabe por harina de trigo, ya sea de la Nueva España, de la península o de las Islas Canarias.
La isla de Mona, que admito conocer sólamente a distancia, a bordo de barco o de avión, es una isla pequeña, baja y redonda, una meseta de cal que parece una plancha blanca flotando en el mar, que se yergue a igual distancia de Hispaniola y Puerto Rico. Peñscos, picados de cuevas, se levantan directamente del mar a la meseta, como unos treinta metros de altura y bastante difícil para subir. En la costa suroeste se aprecia una playa y un surgidero, y detrás se perfila [end p. 11] una planicie baja de unas doscientas hectáreas, casi toda se ve como una plantación de casuarinas y cocos, y en años anteriores se veían las chozas de algunos pescadores y náufragos. La vegetación es densa, de árboles de no más de cinco metros de altura y de cactos y espinos; casi se necesita un machete para abrirse paso. El suelo hoy es escaso, a excepción de algunas depresiones o bajuras en la meseta. Para los que visitan, la impresión es la de una naturaleza casi virgen.
Esta isla, hoy abandonada, ha tenido un papel de importancia en los primeros años del siglo XVI para la provisión de mantenimientos--especialmente el pan de casabe--para las minas de oro de Puerto Rico y para los caciques e indios que alIí trabajaban. Fue Cristóbal Colón en su segundo viaje quien primero la vió. Desembarcó ahí y se aprovisionó de agua y pan de casabe obtenido de los indios de Borinquén, atraídos allá por la pesca de tortugas (carey) pero también por el cultivo de la yuca en las bolsas de suelo en la cal de la meseta (Wadsworth, 1954, 42; Araña-Soto, 1968, 395-396). La llamó Mona, una transformación de su nombre aruaco "Amona" y así todavía aparece en nuestros mapas. En los años siguientes aparecen pocas referencias a la isla, y puede que haya side un tipo de refugio tanto para indios como españoles huyendo de las autoridades.
En 1508 Juan Ponce de León, después de sus campañas en Salvaleón de Higüey y con la autoridad del Gobernador Nicolás de Ovando, partió con una expedicion al otro lade del canal de Mona para investigar informes de la existencia de ricos placeres de oro en las montañas de Puerto Rico. Hizo parada de varios días en la Mona, aprovisionándose de cantidades de casabe de los amistosos indios. [end p. 12] Más tarde, desde Puerto Rico, mandb varias carabelas en busca de más pan de casabe y otros víveres para sus indios. Vista como una fuente valiosa de alimentos para la nueva colonia, la isla pasó a ser un punto de escala común de los barcos que viajaban entre Hispaniola y San Juan.
En un decreto real del 11 de junio de 1511, Fernando V puso a la Isla de Mona bajo el poder de Diego Colón, Gobernador de Santo Domingo. Diego la traspasó a su tío Bartolomé Colón, hermano de Cristóbal, a quien Ie entregó indios para que cultivaran alimentos allí. El mismo año un huracán destruyó las plantaciones de Mona y mató a muchos indios. Al morir Bartolomé tres años más tarde (1514), la isla volvió a manos de la Corona y un factor, Baltasar de Castro, tomó posesión en el nombre del Rey.
El traspaso del título contenía la estipulación de que la Mona continuara en proveer mantenimientos a las minas y que "ande con la de San Juan en todas las cosas administrativas." Y así sigue hasta hoy en día.
Como resultado de un pleito contra los funcionarios y el mayordomo de la isla acusándolos sobre su venta ilegal de pan, que era propiedad de la Corona, para sus cuentas personales, tenemos testimonios en los documentos (Archivos de Indias, Sevilla, Ramo de Patronato, Legajo 175) de la cantidad (no todo) del pan de casabe entregado al factor y mandado por carabelas particulares a San Juan:
(Una parte, por razón de gorgojas, otra [end p. 13] por razon "quemada en la barbacoa," recibió un precio reducido.) En los dos años siguientes hubo varios despachos, de cantidades desconocidas. Luego en 1518
En las minas, la ración una libra y media de carne diariamente.
Además el factor mandó cantidades más pequeñas de maíz, frijoles y ajes, así como hamacas y camlsas de algodón hechas por las mujeres. Era una verdadera fábrica agrícola. El decreto real estipulaba que todo se mandara para el mantenimiento de los indios sacando oro en las minas de la real hacienda, especialmente en la Ribera de Toa y El Luquillo en la costa norte puertorriquena, pero frequentemente esto no llegaba.
Vale la pena hacer notar que anteriormente, hasta su destrucción por las fuerzas de Ovando en 1503, la isla baja de Saona, en la esquina sureste de Hispaniola, jugó el mismo papel de suministrador de pan de casabe para la ciudad de Santo Domingo, pero en cantidades desconocidas. EI cronista Cuneo, el italiano de Savona (en honor de quien el Almirante dió a la isla su nombre), describió a Saona como una isla de unas seis leguas de extension con más de treinta pueblos de Indios y treinta mil almas (Sauer, 1966, 67). En nuestro día Saona, como la Mona, esta casi despoblada y está abandonada a la arboleda, visitada ocasionalmente solo por cazadores y pescadores.
En 1520 la Mona fue entregada en [end p. 14] encomienda por diez años al Lic. Francisco Barrionuevo, compañero de Ponce en sus conquistas iniciales, para la producción de pan para Puerto Rico. Pero el agotamiento de los filones de oro fue la causa del descenso abrupto de la actividad minera. Por supuesto la mortalidad de los indios fue igualmente decisiva, eliminado la mayor parte de la demand a de alimentos.
En 1521 Fray Bartolomé de las Casas pasó por la isleta, en rumba a un proyecto fracasado para poblar Cumaná en Venezuela "can licencia a tamar cien cargas de pan de casabe lo que el Rey en Mona tenía y que los indios moradores en aquella isla Ie solían dar" (Arana-Soto, 1968, 405).
No sabemos en detalle que suerte correría la isla a sus indios en los siguientes años, pero pronto vivirían en un caos perpetuo, como está bien documentado par Arana-Soto (1968) y Wadsworth (1954), al convertirse en refugio y base predilecta de los corsarios y piratas extranajeros. Parece que primero fueron los ingleses en 1527, recogiendo cuanto vívere hubiera disponible; luego vinieron los franceses y los holandeses. En 1534 todavía leemos de una pequeña ranchería agrIcola en Mona con algunos pocos indios, posiblemente ya asociados can los extranjeros. En este año el cabildo de la ciudad de San Juan pidió a la Corona una merced de la isla Mona, estando vacante su repartimiento, a las propios de la villa "porque ... se puede sustenar mejor sus vecinos fatigados que ya van can hambre" (Arana-Soto, 1968, 405). Ninguna respuesta se recibió! Tres años más tarde, Oviedo recomendó que el Rey hiciera una fortaleza en Mona porque está en el paso (de las carabelas) y allí no hay sino un estanciero y pocos indios y hay buena agua y comida y puerto donde se puede estar segura de los [end p. 15] salteadores armados" (Arana-Soto, 1968, 405). Se repitió la propuesta de fortificación en 1549, esta vez para una torre con buena artillerla y diez o doce hombres "que se podrían sustenar con casabe, batatas, carnes y pescado que tienen en abundancia gracias a los 25 indios que alII han quedado" (Santo Domingo en los Manuscritos ... 1980, 424). Pero no pasó nada. Va el Perú y México eran el centro de toda atencion.
Fue Mona el punto de reunión preferido por los corsarios y los contrabandistas por dos siglos. Aprovechaban la abundancia de puercos y cabras silvestres, tortugas de mar, leña, cañafistula, el agua dulce de algunos pocos pozos (jagüeyes) y la protecclon de su ancladero. La lista de visitantes incluye casi todos los grandes nombres de la era de piratería, incluyendo a Raleigh, Lancaster, Drake, Hawkins, William Kidd, John Smith y al puertorriqueño Cofresi.
A mediados del siglo XIX empezó otra vida para la isla Mona: la de la extracción de guano (de murciélagos) de sus superficies calizas por concesionarios extranjeros. Se estima que la isla producía hasta doscientas mil toneladas de este apreciado abono, principalmente entre los anos 1887 y 1920. Su faro data desde el comienzo de este siglo. Más recientemente se propuso hacerla un deposito de petróleo para supertanques de calado profundo, o como alternativa, hacerla una zona de recreo comercial con casinos de lujo (Estado Libre Asociado de Puerto Rico, 1973). Hoy día es una reserva forestal, visitada de vez en cuando por buscadores de tesoros, cazadores, pescadores y naturalistas (para quienes tiene la Mona una flora y fauna endémica de interés especial, que incluye una iguana gigante). EI censo de 1960 nombra solo seis habitantes; el de 1970 no nombra a ninguno ... un extraordinario contraste con los [end p. 16] primeros años del siglo XVI, cuando, debido a su ubicación estratégica, era un gran almacen o emporio de víveres par excellence para aliviar el hambre tanto de los espanoles como de sus indios encomendados en las minas de la isla cercana de Borinquén or Puerto Rico.
Referencias citadas
Archivo de Indias, Sevilla. Patronato Legajo 175, Ramo 6. Relación de los precios a que se acuerda por los oficiales de su alteza que se venda el pan de su alteza que se a traydo y truxere de la isla de Mona... Año 1515.
Archivo de Indias, Sevilla. Patronato Legajo 175, Ramo 13. La posesión que se tomó de la Ysla de Mona. Información hecha en la Ysla de San Juan de Puerto Rico a pedimiento del fiscal de su Majestad. Año 1527.
Blanco, T. "La isla de Puerto Rico and el Continente Americano," Tierra Firme2 (1936), pp. 211-225.
Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Junta de Calidad Ambiental, Isla Mona 2 vols. (San Juan: Oficina del Gobernador, 1973).
Marrero, L. Cuba: Economía y Sociedad Vol. 2 (Madrid: Editorial Playor, 1974).
Murga, V. (ed.) Cedulario Puertoriqueño1505-1517 (Río Piedras, Ediciones de la Universidad de Puerto Rioco, 1961) [end p. 17]
Santo Domingo en los Manuscritos de Juan Bautista Muñoz (transcripcion y glosas por Roberto Marte), Vol. 1 (Santo Domingo: Fundación García Arévalo, 1980).
Sauer, C. O. The Early Spanish Main (Berkeley: University of California Press, 1966).
Wadsworth, F.H. Isla Mona: Nuestra Isla de Tesoro (San Juan: Departamento de Instrucción Pública, 1954). [end p. 18]
En 1515
14 junio 1054 arrobas
13 agosto 65 arrobas
12 agosto 210 arrobas
10 octubre 136 arrobas
4 abril 994 arrobas
13 abril 353 arrobas
12 octubre 210 arrobas
20 diciembre 850 arrobas
Arana-Sato, S. "Nuestra Isla Mona" Pasado y Futuro," Revista de Indias, Vol. 28 (1968),pp. 383-431