Resumen
Las culturas precolombinas de los Andes nunca ordeñaron ni llamas ni alpacas. La gente indígena del Perú y Bolivia tampoco les ordeñan hoy en día, a pesar de muchas suposiciones. Cómo se explica esta ausencia? Las ideas son varias: rendimientos bajos de leche que no vale la pena de extraer; comportamiento huraño que no permite un ordeñador bumano; y una intolerancia a la lactosa por parte de indígenas andinos. Estos razonamientos son erróneos si se remonta a los comienzos del ordeño en el Mundo Antiguo que sirve como modelo de explicación desde la perspectiva presentada por Eduard Hahn. Este geógrafo alemán consideraba el culto a la diosa lunar en Asia occidental como la causa principal de experimentar con el ordeño de la vaca. En los Andes prehispánicos, aunque llamas y alpacas fueron animales de sacrificio en un culto de la luna, la leche no servía como sustancia ritual. Sin función ceremonial para provocar la intervención humana entre la hembra y su cría, el ordeño nunca emergía como fuente de nutrición humana o un producto de valor económico. Después de la conquista los españoles introdujeron vacas, cabras y ovejas que los indígenas aprendieron a ordeñar, sin trasladar la idea aprendida de manipular la ubre a los camélidos sudamericanos.
Palabras clave: Llama, alpaca, ordeño, difusión, geografía cultural, Nuevo Mundo, región andina, religión.
En el marco de la historia cultural del mundo, la carencia del uso de la leche de alpaca (Lama pacos) de llama (Lama glama) para consumo humano constituye un verdadero enigma. Este vacío plantea una serie de interrogantes raramente considerados sobre este aspecto descoonocido de la civilización andina. La comprensión de esta particularidad del Nuevo Mundo requerirá de un anáIisis más detallado sobre los albores del uso de la leche animal como alimento humano en otros continentes.
A pesar de la ausencia lacticínea, numerosos autores han afirmado equivocadamente que la llama y/o la alpaca son los animales lecheros de la población altoandina. La civilización occidental, aficionada al consumo de leche y sus derivados, juzga ilógica la ignorancia y/o el rechazo de la leche animal como un alimento bueno y sano. En realidad la integración de los lacteos en el régimen alimenticio es una costumbre que ya en la actualidad la mitad de la población mundial no comparte. Toda una letanía bibliográica hace patente este error en el listado de sus usos.1 Otras aseveraciones igualmente falsas también se han deslizado en las descripciones de los auquénidos: que las llamas eran animales de montura y que tiraban los arados, asi como que las alpacas eran bestias de carga.
PROVECHOS Y SUPUESTOS
El supuesto ordeño de los auquénidos domésticos--si bien un desacierto--sigue una cierta lógica que en sí misma no es del todo desliizable. En primer lugar, entre los dieciséis ungulados domesticados en el mundo, únicamente seis especies entre ellos no se ordeñan. Asimismo, ambos caméldos han acompafñdo al hombre en los Andes durante 6000 años (Browman 1989, 265). En este amplísimo período se ha sacado provecho de múltiples derivados: carne, fibra, cuero, tendones, sebo, sangre (usada en embutidos), estiercol (como abono y combustible), huesos y el feto desecado (para fines mágico-religiosos) (Stouse 1970) (Figura 1).
Los Incas, el último gran imperio precolombino en los Andes, se convirtieron en menos de 500 años en hábiles maestros en la gestión de recursos para el sustento humano. Si los Incas supieron seleccionar llamas para colores designados de la lana, del mismo modo habrían tenido la habilidad de aprovechar la leche de sus animales como fuente de nutrición. Sin embargo no lo hicieron a pesar de tratarse de un período lactante de seis meses y una leche de alta calidad rica en vitaminas, proteínas y grasas. De acuerdo con Moro (1956), el contenido de grasas en la leche de alpaca fluctúa [end p. 3] entre el tres y cuatro por ciento, cifras corroboradas en los estudios de Davis (1955) y Jenness (1974). Más recientemente Fernández y Oliver (1988, 301) calcularon para la leche de llama un contenido en grasas de 4,716 por ciento con una variación posible de 1,307 por ciento. Las proteínas, principalmente caseína, son más del doble en la leche de llama en comparación con la de vaca o cabra (Cuadro 1). La leche de los auquénidos se parece más a la de vaca que su pariente del Mundo Antiguo en la misma familia zoológica, el dromedario (Camellus dromedarius), que secreta una leche de gusto raro y sabor salado.
La llama y la alpaca comparten ciertos hábitos que las predispondrían a ser ordeñadas por sus guardianes humanos. Poseen una docilidad general que las asemeja más con las ovejas que con las vacas. Hatos de ambos animales se agrupan instintivamente durante la noche, hecho que facilitaría la intervención humana.
Se sabe que los pastores dirigen de vez en cuando el apareamiento para evitar las heridas a las hembras. Atando una soga en las extremidades posteriores de la hembra poco servicial facilita la cópula por el macho en celo. Igualmente el pastor ayuda en la parida de la cría que tiene lugar 350 días después de la concepción. El alumbramiento cae oportunamente en la estación de lluvias de enero a marzo cuando la hierba suculenta es abundante y las temperaturas son mas moderadas (Figura 2). El amamantamiento dura seis meses hasta el destete.
Constancia de la carencia
A pesar de ciertos factores ecológicos y comportamiento favorables, no existen pruebas en absoluto que indiquen el uso de los auquénidos como animales lecheros en el pasado ni en el presente. Los investigadores que han revelado el contexto arqueológico de la domesticación de ambos mamíferos andinos callan en tomo a la posibilidad de que la gente andina los haya utilizado como animales de ordeño (Browman 1989; Lavallé 1990; Lynch 1983; Novoa y Wheeler 1984; Wing 1986). El arte rupestre andino no muestra ningún indicio ni del ordeño ni de ubres de abultamiento visible (Berenguer y Martínez 1989,399). Ninguno de los mitos andinos relata el fenómeno de ordeño o del amamantamiento de animales (Urioste 1983, 219). Tampoco los cronistas coloniales que pusieron por escrito la economía doméstica en el Incanato comentan sobre el ordeño como costumbre ni siquiera casual en el Imperio. En el siglo XVII, Cobo (1956, I, 387) observaba que los "naturales destas Indias" nunca usaban ni tenían conocimiento de lácteos (leche, requesón, natas, mantequilla, queso) y que tampoco tenían animales que les proveyeran de leche.
Aunque se distingue la leche humana (ñujñu) de la leche animal (wilali), la lengua quechua no ofrece indicios sobre el uso de leche de auquénidos en el pasado ni de razas lecheras de ningún tipo (Flores Ochoa 1978). La leche de auquénido no se utiliza para fines médicos; en cambio la leche de cabra, oveja, vaca y hasta la de la burra y perra han tenido uso curativo en los Andes poscolombinos (Lira 1985, 79-80).


Tres acuciosos viajeros del siglo XIX, Walton (1811), von Tschudi (1885) y Middendorf [end p. 4] (1893-95) no escribieron ni una palabra vinculando a los auquénidos con la leche para consumo humano. En cuanto a la etnografía contemporanea, ninguno de los que han investigado a la llama o alpaca en la región andina han aludido a estos animales ni siquiera como fuentes casuales de leche para sus dueños (Calle Escobar 1984; Cardozo 1954; Flannery y otros 1988; Flores Ochoa 1968 y 1984; Orlove 1977; Sumar 1988; Webster 1973).2
Si bien el ordeño esporádico de una llama o alpaca amamantando pudo haber occurrido de vez en cuando, no fue costumbre que se consolidó en una norma de conducta en ninguna zona de las tierras altas. Si el ordeño hubiera sido más que episódico en los Andes, su constancia se hubiera registrado en la etnografía. Sin leche animal como fuente de calcio durante la época prehispánica, los indígenas evitaron una deficiencia de esta mineral imprescindible al haber preparado una salsa hecha de piedra caliza pulverizada que se comieron con papa.

CONSECUENCIA PARA EL MODO DE VIDA
Sin haber iniciado o incorporado por difusión el ordeño y uso de leche de los camélidos, la suerte estaba echada en la ecología cultural de los Andes. El ordeño habria aprovechado en forma más completa el nicho herbívero de las punas y páramos más arriba del límite vertical de los cultivos. EI ordeño habría podido valorizar la ganadería al punta de convertirse en la fuerza motora de una vocación nómade. Los productos lácteos habrían otorgado una autosuficiencia alimentaria para que Ios habitantes de alturas superiores a los 4.000 m (3.500 m en el norte) vaguen a voluntad por las tierras altas en la búsqueda de buenos pastizales para sus rebaños. Con el tiempo y con la aceptación de [end p. 5] la leche como alimento, los llameros habrían podido desarrollar una vida pastoral independiente de la agricultura.
A diferencia del Mundo Antiguo, nunca se había desarrollado un pastoralismo de nómades en los Andes. Aún cuando los animales lecheros llegaron de Europa después de 1532, la gente andina no adoptó la gran idea ordeñadora para sus auquénidos. La práctica de obtener un líquido rico en grasas al exprimir la ubre de la vaca, cabra u oveja, no se extendió posteriorrmente ni a la llama ni a la alpaca
En zonas templadas de los Andes, la presenncia de vacas, cabras y ovejas habría suprimido una tendencia de practicar el ordeño de llamas o alpacas. En las punas por encima de 4.000 m de altura, lugar de difícil aclimatación para las vacas, los auquénidos han tenido un claro nicho. Con todo no tuvo lugar una transferencia de la idea de ordeñar de una especie a otra. Conviene señalar un caso de tal transferencia, y en los tiempos históricos, en la Escandinavia septentrional. Siguiendo el ejemplo de los colonizadores suecos al ordeñar sus vacas, los lapones aprendieron a sacar la leche del reno que era el mamífero doméstico a su disposición (Eidlitz 1969). Igualmente lejos, al este, el ordeño del reno en la Siberia oriental posiblemente empezó con otros contactos, al sur, de ordeñadores de vaca, yegua y oveja (Fohndahl 1989).
PISTAS DE CAUSALIDAD
Nunca se han indagado en forma publicada las varias explicaciones de este curioso vacío considerado desde el punto de vista de la civilización occidental. Incluso las mentes más lúcidas tampoco profundizaron en el tema. Alexander yon Humboldt evocó aquel razonamiento que da por sentado lo que queda por probar. Según Humboldt (1970, II 607), no hubo consumo de leche entre los amerindios por la simple razón de que no tuvieron animales domésticos que pudieran proporcionarla. El gran geógrafo heredero de la tradición holística de la Ilustración pasó por alto las capacidades latentes de los dos candidatos para el ordeño. La llama y la alpaca, productores de leche para sus crías, ya estaban disponibles en los Andes desde por lo menos tres milenios sin que hubieran sido manipuladas en esa dirección.
Ya en la epoca de viaje de Humboldt (1800-1803) a los Andes, la distribución de los dos auquénidos domésticos se había contraído de las zonas costeñas en que los Incas les habían traído. Hoy en día, la pervivencia de estas especies congéneres (7 millones de animales) se concentra en las alturas del Perú y Bolivia por encima de 3.500 m sobre el nivel del mar (Figura 3)

Cuestion de volumen de leche
La ausencia prehispanica del ordeño en los Andes plantea interrogantes sobre el desarrollo prehistórico del animallechero. Si el hombre ha sacado leche de vaca (dos especies), cabra, oveja, camello (dos especies), yegua, yak, búfalo y reno, ¿cómo es posible que no se haya ordeñado igualmente a la llama y la alpaca? Existe la tendencia de explicar la falta de ordeño en los escasos rendimientos de leche; esto es, que no valía la pena ordeñar por cantidades irrisorias. Tal hipótesis señala que "no hay un excedente," es decir que las hembras producen leche suficiente para la cría y nada más. Este argumento se olvida de la naturaleza de la [end p. 6] domesticación, visualisando falsamente como un sólo acontecimiento. En las etapas tempraanas de amansamiento y reproducción en cautiverio, los diez mamíferos mencionados no tuvieron tampoco cantidades sobrantes para proveer al hombre sin perjuicio de las crías. AI principio la vaca no produjo más que bajos volúmenes para quien la ordeñara. La asombrosa producción de la vaca lechera actual es resultado de un mejoramiento genético que no precede al siglo XIX.
Dado el minúsculo rendimiento, el punto crucial se reduce al impulso inicial de ordeñar siquiera algo. Eduard Hahn (1896), geógrafo y etnógrafo alemán de gran originalidad, dedujo que los experimentos neolíticos con el ordeñio tuvieron una motivación religiosa.3 En síntesis, Hahn derrocó la idea que el hombre domesticó el ganado vacuno para la urgencia de alimentarse, conforme al lema trillado que la necesidad aguza el ingenio.4 En vez de este supuesto, Hahn prestó atención a la semejanza entre la configuración curvilínea de los cuernos del bovino salvaje (Bos primigenius) y la luna creciente o menguante. El simbolismo de la media luna formó la base del culto de la diosa lunar que gobernaba la vida espiritual. Es posible que el ordeño haya comenzado en el Cercano Oriente hacia 3.500 años a. de J. C. como una forma de aliviar la ubre sobrecargada de la vaca luego del sacrificio de la ternera.
Alimento básico del crecimiento infantil, la leche tuvo un importante poder simbólico y un indudable valor ritual. El volumen de la sustancia espumosa extraída con gran des esfuerzos de la vaca madre era netamente secundaria, pues todavía no se habría extendido al pueblo la práctica ritual de los sacerdotes. Por otra parte, la escaséz relativa de la leche confluía con su santificación como bebida de carácter sacro, imprescindible en los ritos del culto dirigidos a la purificación y fortalecimiento mágicos. Al mismo tiempo el suministro en leche para satisfacer los requisitos del culto incentivaba la selección de aquellas vacas con las ubres más voluminosas, los pezones más largos y la mayor docilidad. Paulatinamente a través de las generaciones las cantidades de leche aumentaron con la selección de vacas cuyo valor principal residía en la leche y no en la carne. Con el tiempo, el ordeño perdió su motivación religiosa exclusiva a medida que la leche y sus derivados se integraron en el regimen alimenticio de la sociedad en general. Los beneficios nutritivos de la leche llegaron a ser una razón suficiente para continuar con la curiosa usanza de extraer el sabroso líquido blanquecino.
Una particular convergencia de condiciones culturales, geográficas e históricas explica el descaro humano de "hurtar" sistematicamente la leche que la naturaleza señala para la cría. Por ello, la mas lógica es la idea de Sauer (1952) sobre el descubrimiento del concepto de ordeñar en un sólo sitio en vez de constituir el resultado de múltiples innovaciones independientes. La arqueología señala a Asia occidental como zona de origen de la domesticación del ganado vacuno y al mismo tiempo de la invención del ordeño. La práctica de ordeñar la vaca se extendió hacia el oeste, al Egipto antiguo y el Mediterráneo y al este, hacia la civilización del Valle del Indo (Simoons y Simoons 1968,234458).
Con la expansión geográfica se transferió el concepto del ordeño a los siete otros mamíferos que reemplazaron a la vaca en diferentes medios ambientes del Mundo Antiguo: ovejas en parajes fríos, cabras en zonas semiáridas, camellos en desiertos, yeguas en las estepas asiáticas, yakes en las montañas del Himalaya, y búfalos en los pantanos de la India (Figura 4). De este modo el ordeño se extendió como costumbre en Europa, Africa septentrional y oriental, hasta Asia meridional. En el Nuevo Mundo a la carencia de tal innovación prehistórica debe agregarse la falta de difusión. Aislada por extensos océanos de la mera idea de ordeñar, la zona andina no tuvo ocasión de aprenderla de los pueblos lecheros de otros continentes. Con todo la llama o la alpaca no es intrínsecamente más extraña como mamífero de ordeño que la yegua del Asia central (Figura 5).
Cuestion de comportamiento animal
Además de las exiguas cantidades de leche, las particularidades de su comportamiento constituye una razón más propuesta para la falta de ordeño de los camelidos americanos. Tal argumento propone que una alpaca o llama que esté amamantando, para asegurar el sustento de la cría, no permitiría que una persona manipulara su bajo vientre. Inducida por las hormonas pituitarias, la hembra se habría negado a soltar el calostro y el flujo de la leche para otro que no fuera su cría. Estos mecanismos de defensa por parte de la madre se habían desvanecido poco a poco, con los cambios de comportamiento inducidos que todos los mamíferos[end p. 7] lecheros han experimentado con el fin de eliminar cualquier estrategia natural de rechazo. La primera res domada debe haber resistido el ordeño puesto que los bosquejos prehistóricos muestran que los ordeñadores ataron las piernas traseras antes de empezar la maniobra (Figura 6)


En algún punto indeterminado del largo proceso de domesticación, los ejemplares que no respondieron bien a la intervención human a habrían sido sacados de la manada reproductiva. Las generaciones siguientes evolucionaron progresivamente hacia direcciones convenientes para sus guardianes humanos. En el transcurso del siglo XIX, tuvo lugar una súbita desviación en la intensa selección del ganado vacuno hacia una alta producción de leche. Debido a glándulas mamarias hipertrofiadas, una vaca lechera moderna instintivamente sabe que produce mucho más leche que la que exige [end p. 8] su ternera. La acumulación opresiva del fluido en la ubre la obliga a retornar en un horario fijo al cobertizo de ordeño sin que sea obligada. Por lo tanto, la carencia de llamas o alpacas lecheras se reduce al hecho de que la utilidad para el género humano no se basó en una característica original de animales salvajes. Se trata mós bien de características adquiridas durante muchos siglos.

Cuestión de la intolerancia a la lactosa
Otra explicación propuesta para la ausencia histórica del ordeño de las alpacas y llamas se reduce a un imperativo fisiológico. Pasado el destete, la mayoría de los niños y adultos indígenas del Nuevo Mundo no pueden digerir la leche en forma fresca. Se trata de una carencia de la enzima lactasa producida en el intestino delgado, la cual impide el desdoblamiento de la lactosa en la leche (Simoons 1970). En Europa y la India la población humana ha estado sujeta a una selección genética para que el cuerpo retenga la lactasa con el fin de descomponer la lactosa. La mayoría de los grupos énicos en el mundo, a falta de lactasa para desdoblar la lactosa, no pueden digerir la leche.
El indígena de América sufre a menudo náusea y diarrea a consecuencia de tomar leche fresca. Investigaciones en el Perú sobre la nutrición han encontrado que en los niños andinos se manifiestan reacciones desfavorables al consumo de la leche (Figueroa y otros 1971). Igualmente en el Perú Calderón-Viacava y otros (1971) encontraron una intolerancia a la lactosa en 63 porciento de los participantes. Paige y otros (1973) registraron una malabsorción de 100 porciento en las personas de más de doce años de edad. Aunque en los Andes no se alcance el nivel de rechazo psicológico que se encuentra, por ejemplo, en China donde se la considera comolíquido asqueroso imbebible, la leche fresca es una bebida estimaada sólo para las criaturas.
Con todo, la intolerancia a la lactosa no es un argumento convincente para no ordeñar los camelidos domésticos en los Andes. Con possterioridad a su introducción por los españoles, la gente nativa incorporó la vaca, cabra y oveja. Los europeos enseñaron la manera de ordenar aquellas bestias mansas, facilitando la tarea con la presencia cercana de la cría (Figura 7). Se ha utilizado la leche de dos maneras. En primer lugar, los indígenas dan el líquido fresco a las criaturas, quienes son capaces de asimilarlo dado el alto nivel de la enzima lactasa en sus pequeños cuerpos. En algunas zonas los adultos la consumen para el desayuno mezclada con tubérculos cocidos (Vokral 1989, 176).
Otro destino de la leche en los Andes ha sido para elaborar el queso, producto que contiene poca lactosa y por eso, gente de por sí con mala absorción puede consumirlo sin mayor efecto adverso. Ya en el siglo XVI, los españoles elaboraban queso con fines comerciales en los Andes de Quito. La mayor conservación del queso sobre la leche fresca y el valor agregado que hacen factible el transporte sobre largas distancias son otras ventajas para la produccción quesera. El queso andino se ha fabricado desde la colonia principalmente con la leche de vaca (Vázquez de Espinosa 1969, 261, 264,324). Otras clases de queso se han elaborado de leche de cabra del monte xerofítico y la leche de oveja, la última siendo una larga tradición en el Altiplano orureño de Bolivia (Vazzquez de Espinosa 1969, 408). Que se sepa, nunca se había odeñado la yegua o la burra en los Andes ni en España a tal fin.

En el Cercano Oriente asi como también en los Andes los ungulados tuvieron una indisputable importancia religiosa (Gareis 1984). Sin embargo se comenzó a ordeñar sólo en el primero de estos lugares. En los Andes incaicos, los cultos del Sol, Trueño, Viracocha y Luna tenian sus rebaños vigilados por sus guardianes propios (Santillan 1968, 108). En este panteón, la Luna era la divinidad femenina más importante (Silverblatt 1987, 50). Denominada "Mama Quilla" (madre luna), ella pasaba por la esposa del Sol y tenía su propia capilla en el Templo del Sol en Cusco y un lugar sagrado en Quimquilla cerca de Huarochirí. Se sabe que en diferentes sitios del Imperio se hacían sacrificios de llamas y otros animales durante períodos de crisis junto con las ceremonias lunares.

Los ritos han incorporado el sacrificio de auquénidos vivos como ofrendas, al untarse con sangre de llamas y la ingestión de carne cocida y cruda de los camélidos (Guaman Poma de Ayala 1980, 228-9; Molina 1943, 46-62) (Figuras 8 y 9). No existe ninguna mención a este respecto del uso de la leche o del ordeño. Aunque la propiciaci6n fue importante, el culto a la luna tomó otra forma en los Andes que en el Cercano Oriente, pues en el primero la leche era un elemento ausente en el simbolismo que vinculó la luna y el cicIo reproductivo femenino. Tanto el camélido macho como la hembra carecen de cornamenta; por ello no es evidente un simbolismo específico de los auquénidos con la diosa lunar. Además en los Andes no hay evidencia de sacrificio de crías [end p. 10] que hubiera podido abrir la oportunidad de sacar leche de las madres lactantes sin concurrencia de su pequeño lechal. Sin una vinculación estrecha de estos animales con la leche como sustancia sagrada, el ordeño no pudo despegarse.
CONCLUSION
AI fin y al cabo, la ausencia de la extracción sistemática de leche de los camélidos andinos no tiene mucho que ver con una menor aptitud de estos animales al ordeño ni a la intolerancia fisiológica de sus guardianes. Del mismo modo no se puede establecer la carencia lechera ni en el tabú formulado por un supuesto matriarcado en la civilización andina ni en una incapacidad intelectual de pensar en este recurso (Antúñez de Mayolo 1981, 134). Por supuesto no hay una explicación definitiva y cualquier reconstrucción prehistórica queda nada más que en una aproximación.Sin embargo el ejemplo del Mundo Antiguo enseña el camino torcido a la comprensión con una perspectiva paralela. La problemática se reduce más bien a la falta de un nexo crítico entre el culto y el camélido lactante como un motivo apremiante que habría desencadenado una práctica de ordenar la madre robando así la cremosa ambrosia toda en contra de la adaptación biológica y rara en los anales de la prehistoria del mundo. Fue nada menos que la religión el gran estímulo para que la gente haya extraído por primera vez el contenido de la ubre. No obstante y a pesar de las religiones elaboradas de las civilizaciones andinas, los objectos sacrificatorios eran distintos.
Si la religión explica los orígenes del ordeño en el mundo, las propiciaciones divinas ya no determinan las nuevas configuraciones que son principalmente económicas. Además la innovación en principio tiene lugar lejos de los centros de tradición. Más que los indígenas andinos, la gente de origen europea tiene un mayor motivo para entablar la eventualidad que presentan estos animales como fuente potencial de leche para consumo humano. Las sostenidas tentativas que son precisas para convertir la llama o alpaca en animales lecheros podrían lanzarse no en los Andes sino en América del Norte. Una población allí en rápido crecimiento de más de 40.000 llamas y 1.500 alpacas en 1991 y un ánimo innovador entre muchos dueños son indicios prometedores de adelanto a venir (Llama Catalog 1991, 6). El desarrollo de estos animales con fines lecheros involucrará una larga selección de animales, multiples [end p. 11] experimentos zootécnicos e investigaciones sobre la rentabilidad. La idea ordeñadora aplicada a los auquénidos, si bien heterodoxa, no es estrafalaria. El concepto de llamas y alpacas lecheras en el futuro merece consideración como una adición novedosa y provechosa a la alimentación de ciertos pueblos.
NOTAS
1. EI uso de la leche de llama como producto para consumo humano en los Andes es una aseveración extendida al mismo tiempo que equivocada. Gade (1969) ha rodeado 11 equivocaciones publicadas en enciclopedias, diccionarios y libros escolares sobre un supuesto ordeño. Unos casos más recientes del mismo desacierto que proclama a la llama como animal lechero tradicional son los de Carter (1971, 13); Coyle (1982, 368); Diccionario de la lengua española (1984 II, 848); y Weatherford (1988, 94). Cimó (1988, 32) y Fitzhugh y Wilhelm (1991, 108, 110) se cogeron en la misma trampa relativo al supuesto ordeño alpaquero.
2. Que conste que nunca yo he observado en ocho distintos viajes entre 1963 y 1988 a !as tierras altas de los Andes centrales del Perú y Bolivia ni siquiera indicios sutiles de la posibilidad del ordeño o de llamas o de alpacas.
3. Los aportes perspicaces de Hahn (n.1856-m.1928) son trazados a grandes rasgos en Plewe (1975/1976) y en tres semblanzas anteriores traducidas por West (1990, 27-59) alas cuales se juntan selecciones igualmente traducidas en inglés de varios escritos de Hahn, una reseña de su obra más importante y su bibliografía completa. Hahn tuvo una fuerte influencia en el pensamiento de Carl Sauer que Ie había llegado gracias a su colega etnólogo en California, Robert Lowie (1937), que se encargó de la introducción de ideas alemanas en la antropología norteamericana.
4. EI sacrificio queda un factor revelador en las relaciones tempranas entre el ser humano y los animales. Por su parte, Rodrigue (1992) rechaza el imperativo religioso en la domesticación de animales, sin haber manifestado comprensión del sacrificio en la psicología humana o en la historia cultural. Su artículo representa el canto de cisne de un marxismo desprestigiado. Por otra parrte, Walsh (1989) ha lucidamente revelado la larga pre-historia de divinidades femeninas en el Mundo Antiguo y de su transmutación progresiva al culto a la vaca.
AGRADECIMIENTOS
Fernando L. González y Raúl Gatti han repasado bondadosamente un borrador de este trabajo.
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Abstract
Pre-Columbian cultures of the Andes never systematically milked llamas or alpacas nor do people there today use them for that purpose. This failure has been variously explained by the low yields from lactating females; a skittish behavior that makes them unwillling to be milked; and the lactose intolerance of Andean people. Using the putative beginnings of milking in the Old World as a model of explanation, none of those above reasons is persuasive. Geographer Eduard Hahn saw the moon goddess cult in Western Asia as the compelling motive to begin milking cattle. In the prehispanic Andes, although llamas and alpacas were sacrificial animals and even had an association with the Inca moon cult, milk was not a ritual substance. Without a ceremonial function as the trigger to intervene between the female and her cria, milking never emerged as a source of human nutrition or economic product as it did in the Old World. After the Conquest, the Spaniards introduced milkable cows, goats and sheep, but the idea of milking was not transferred to South American camelids.
Key Words: Llama, alpaca, milking, diffusion, cultural geography, New World, Andean region, religion. [end p. 14]